La Murta-Creu del Cardenal-Cavall Bernat

Monasterio de Santa Maria de la Murta desde una de las balsas

La ruta que hoy voy a apuntar, creo que es una gran desconocida en muchos aspectos. Tal vez todo el mundo haya oído hablar alguna vez de la Murta, etc..pero creo que trataré de resumir y explicar los valores ambientales, culturales e históricos tal y como yo los percibo.
Para empezar la ruta se inicia en un adecuado y acondicionado Parking para dejar los coches, creo que es un acierto, porqué aunque se fomente el uso del autómovil hasta la misma entrada del Parque, el facilitar un aparcamiento correcto y sin dañar ninguna especie vegetal creo que es una buena opción. Seguidamente nos identificaremos en la casa de información, segundo acierto, un control nos asegura en casos de algún peligro la cantidad de gente que se encuentra en el parque, además que nos permite saber con facilidad a cuanta presión humana estamos sometiendo el paraje (desde mi humilde opinión tal vez se deberían dejar períodos vacacionales, pero para la naturaleza).
Tras pasar esta caseta de información, la vegetación comienza a ser exuberante, lo que creo que condiciona ya a este sendero, puesto que la belleza paisajística es lo primero que entra por los ojos, y en este caso la sensación de detenerse el tiempo, de volver a un paraje inhóspito antaño. Seguimos por la pista, y a mano derecha junto a la cruz, un pequeño Geosendero como lo llamo yo, porque así, porque es un sendero que en principio nos depara una sorpresa en forma de patrimonio preindustrial, en este caso la nevera de la Murta, una auténtica construcción del siglo pasado, con tejado a dos aguas, y un gran pozo circular que servía para guardar la nieve en forma de hielo para utilizarlo en verano en diferentes formas, (una industria que suponía varios oficios artesanales, como los nevaters, los encargados de su transporte, o los gelaters).
Volvemos por el mismo sendero hasta el camino principal y seguimos hasta la “joya” central de esta ruta, el monasterio de Santa Maria de la Murta, para acceder a él pasamos por el Puente de Felipe II, que nos permite el paso a través del Barranco de la Murta y ya nos anuncia algo de la majestuosidad de antaño, y de la clase de gente que frecuentaba este lugar, grandes pensadores, reyes, ilustres de la época, en definitiva un centro de culto y cultura, un pequeño reducto de saber en estos valles. Pero no solo estaba reservado a gente pudiente, si no que además realizaba una labor social, la de asistir a peregrinos o gentes con pocos recursos. Pero volviendo a la realidad observamos hoy en día tras la falta de fondos de la restauración, los restos de lo que fue un buen monasterio de la orden de los jerónimos. Con una torre defensiva, los monasterios fortificados suelen funcionar mejor jeje. Pero toda esta gran construcción no se entiende sin la otra razón de la murta, la del binomio que suele funcionar en la mayoría de lugares de culto o eclesiásticos, el agua. Es este elemento el que lo dota de un paisaje grandioso, de la razón y de su ubicación. Es el monasterio la parte central de un sistema de regadío, la buena distribución de esta es la que permite la ubicación de las dos balsas que vemos y de un abastecimiento asegurado para todo el cenobio.
A continuación seguiremos por otro geosendero, en este caso por el Itinerario histórico, que sigue una acequia labrada en mampostería, con un desnivel continúo, con el sonido del agua siempre presente, y con ese respirar que nos acerca la humedad del terreno y los Mirtos o Arrayanes acompañándonos siempre, por algo es el Valle de la Murta. Este sendero sin querer nos lleva a un misterio bien resuelto, la fuente de la Murta, que utiliza una construcción tradicional para alumbrar el agua, en este caso una galería horizontal llamada también qanat. Este es el origen de un valle, siempre hay que buscar un poco más arriba la respuesta, y en este caso esa hendidura en la montaña consigue que como si en referencia al Mirto símbolo de fecundidad, esta fuente simbolizase la fecundidad de un valle prolífico en especies vegetales que visitó el ilustre Cavanilles.
Tras llegar al camino del PR giramos a mano derecha y seguimos una senda que va abandonando el lado de la umbría para pasar al lado de la solana, rápidamente observaremos que la frondosidad deja paso a coscojares, aliagares y palmitos. Tras subir con una roca descarnada en algunos tramos, vamos viendo como la fatiga se acumula, pero las vistas del valle nos recompensan. Todo esto hasta llegar al Pas de Sant Sofí, que como si nos lo ocultase hasta entonces, nos muestra uno de sus secretos, el permitirnos ver más allá, toda la costa mediterránea en su esplendor. No es de extrañar que fuese colocada una cruz arriba, en la Creu del Cardenal, imagino que este camino lo harían los monjes, como en una ascensión espiritual para buscar un silencio que conforte. Esta imágen tan reconfortante del mediterráneo, tal vez melancólica es lo que otorga la belleza al paisaje que vemos, una basta extensión de arrozales, cítricos y poblaciones. Pero tras subir a lo alto de la Creu del Cardenal, aquí uno experimenta como un gigante le mira desafiante desde el otro lado, el Cavall Bernat aguarda esperando que sea conquistado como cima inexpugnable, es tal vez una metáfora de la vida, aunque subas una cima, siempre queda un reto más alto y más difícil, y por ello has de continúar hasta alcanzar tus metas.
Así que cargados de buenos propósitos nos dirigimos hacia la canal del Cavall Bernat, en definitiva una torrentera entre paredes verticales que nos prueba, nos obliga a agudizar los sentidos, y a mantenernos constantes en una subida sin prisa pero sin pausa. Pero la subida por la torrentera no tiene sentido sin que uno mire hacía atrás y comprenda el porqué está subiendo por ahí, que le ha llevado a ello y valore el paisaje que tiene ante sí, un valle espectacular desde un lugar privilegiado. Así que poco a poco se sube hasta la cima, allí la soledad abruma al montañero, le otorga un silencio que generalmente es lo que busca, la sensación de que allí arriba puede dominar todo desde lo alto pero a la vez evadirse, tan cerca pero tan lejos de todo. Uno se para a comer allí, viendo el Mediterráneo de fondo, como si fuera el decorado de una película de hollywood, y desde allí vuelve por el sendero de marcas blancas y amarillas hasta el punto de inicio de la ruta. Es cuando volvemos la vista atrás antes de subir al coche cuando nos damos cuenta que hemos realizado un increíble viaje, pero hacia nosotros mismos. Hemos tenido el privilegio de ver el mismo paisaje pero desde dos puntos de vista, siempre es necesario al menos dos puntos de vista para apreciar bien las cosas. Y con esto es la primera ruta de estos geosenderos. Intentando descubrir paisajes mediterráneos desde un punto de vista diferente.
Os dejo para finalizar el track en wikiloc:

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=3997920

Saludos senderistas

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